Al servicio de la clase obrera o de la patronal 

Mario Diego Rodríguez - 24/09/2026

 

Nativa o extranjera, una misma clase obrera

La comparecencia voluntaria del presidente del Gobierno en el Congreso ha dejado claro que la principal preocupación de los políticos presentes en el hemiciclo es posicionarse de cara a las próximas elecciones. Lo esencial parecía ser no decir lo mismo que el escaño vecino. Sin embargo, todos coincidían —y siguen coincidiendo— en una cuestión: Ceuta y Melilla siempre han sido parte de España y seguirán siéndolo.

Pocas semanas antes de que miles de personas cruzaran la frontera entre Marruecos y Ceuta, la patronal, a través del Círculo de Empresarios, declaraba que Marruecos representaba una “oportunidad histórica y estratégica” para el Estado español. Y no es para menos: las relaciones comerciales entre España y Marruecos rondan los 23.000 millones de euros anuales. Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones crecieron un 3,5 %.

Mientras el imperialismo español militariza la frontera y presenta la inmigración como una amenaza, la patronal hace negocios muy lucrativos a costa de condenar a la clase trabajadora marroquí a la pobreza.

Nuestros bolsillos, fuente de ingresos para la patronal

Según la estación de servicio y la provincia, los precios del carburante pueden oscilar entre 1,30 €/l y 2,30 €/l. El precio medio se sitúa en torno a 1,98 €/l para la gasolina sin plomo y 2 €/l para el gasóleo A.

El encarecimiento de la cesta de la compra se ha consolidado como una de las principales preocupaciones de los hogares de la clase trabajadora. En los últimos años, los precios han aumentado en torno a un 35 % y, en algunos casos, hasta un 40 %. Una inflación cercana al 4,3 % anual deteriora gravemente el poder adquisitivo, sin que se contemple compensarla con subidas equivalentes de salarios, pensiones o subsidios.

La reciente aprobación por parte del Gobierno PSOE/Sumar de medidas relativas a la edad de jubilación, bajo los conceptos de “flexibilidad” y “envejecimiento activo”, supone una nueva vuelta de tuerca para la clase trabajadora. Es una muestra de que las intenciones no van en la dirección de proteger nuestros ingresos. El Gobierno opta por empobrecer a quienes ya han trabajado o continúan haciéndolo, mientras favorece a las empresas del IBEX 35 para que sigan batiendo récords de beneficios.

Una canallada más por parte de los poderosos

Al desahucio de ayer no se le puede poner un adjetivo: todos se quedan cortos. En realidad, ocurre lo mismo con cualquier desahucio.

Lo que distingue a este de otros es que estuvo cerca de requerir un ataúd en lugar de una camilla. Una vez más, vemos a quién sirven los políticos institucionales que no dejan de inundarnos con la palabra “democracia”.

Pero, ¿qué democracia? ¿La de la burguesía capitalista que decide quién trabaja, cuándo y en qué condiciones? ¿La que decide cuándo destina su capital —que, dicho sea de paso, no es suyo— a la producción de bienes y cuándo lo dirige a la especulación? ¿Qué democracia? La que cada semana nos ofrece en el Congreso un vodevil que no solo no nos hace reír, sino que nos indigna.

Sin querer minimizar las movilizaciones de ayer por la tarde, y en particular la celebrada en Madrid, es una pena que no se produjeran a la hora del desahucio. El desenlace habría sido otro, al igual que la actuación inicial de los antidisturbios. Ocupar masivamente las calles, de forma organizada y con el objetivo claro de arrebatar el poder a la burguesía capitalista, debe ser nuestro propósito.

 

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