II
¿Que hacemos y como?
Mario Diego Rodríguez - 27/01/2021
No se puede dejar una movilización, sea cual sea su amplitud, irse por los derroteros de la espontaneidad, si no queremos que acabe en un callejón sin salida. La dificultad consiste en saber como la enfocamos y que herramienta utilizamos para llevarla a cabo.
El último ejemplo de un gran movimiento de masas considerado espontáneo, el 15-M, que una vez bien instalado en las plazas de las ciudades optó como método organizativo, para la toma de decisiones, el voto en asamblea directa, dando así la posibilidad a participantes ya organizados en partidos u organizaciones políticas de dirigir el movimiento y llevarlo por el camino que ellos quisiesen. Si esto no se ha podido hacer de inmediato es porque el prejuicio anti partido de los espontáneos estaba anclado profundamente en sus mentes.
Los fundadores de Podemos habiendo asimilado esos prejuicios, lo han tenido en cuenta al constituirse en partido y acabó integrando dichos prejuicios en su estructura organizativa, para poder recuperar una mayoría de los participantes movilizados y darles voz políticamente en las instituciones vaciando así las calles.
Podemos nunca ha pretendido ser un partido revolucionario, ni tener por objetivo la apropiación de los medios de producción; incluso hoy en día, en el que Pablo Iglesias declara que Podemos sigue representando una “dirección de Estado alternativa —la define como— republicana y plurinacional."
La esperanza que despertó esa movilización, como hacía mucho tiempo no había habido una, marcó la política de aquellos tiempos. Desgraciadamente hoy está sino olvidada por lo menos ignorada, salvo en la cabeza de algunos participantes, de algunos dirigentes, de algunos militantes y de una parte de su electorado.
¿La implantación en el seno de la clase trabajadora y en particular en la obrera, lo que permitiría una mejor implantación en las regiones y municipios estructurando un partido que pudiese utilizar su influencia para tomar la calle y acabar apoderándose de los medios de producción?
No, no es por ahí que fueron las cosas, no era su objetivo, este ha sido el de cualquier partido reformista: tener un máximo de escaños en el parlamento contribuyendo a la leyenda de que obteniendo la mayoría absoluta en el parlamento podríamos cambiar la sociedad.
Por lo que se ve siguen no yendo por ahí, “la asunción de lo ideológico-mediático como gran terreno de disputa política, hacen de Podemos un actor ineludible para enfrentar el ciclo reaccionario. Las derechas ya controlan buena parte del Estado, de la empresa y de los medios... ¿en su época gloriosa no era el caso?... Para evitar que controlen también el Consejo de ministros o para enfrentarles si finalmente lo logran, Podemos será ineludible.” Pablo Iglesias
Más claro agua, el objetivo de Pablo Iglesias o el de su Partido, sigue siendo el mismo, enfrentarse a las derechas bien sea como ministros en un Gobierno de coalición, o como diputados de la oposición en el parlamento.
No contempla ni siquiera, que incluso, durante un ciclo reaccionario pueda haber, provocado o espontaneo, un estallido social, como por ejemplo, la huelga en la Fábrica Nueva, en 1946 en Manresa, la "huelgona" (huelga de los mineros) del 62 en Asturias o la huelga en Barcelona de la Seat en el 71, en la que un partido a la semejanza del partido bolchevique pudiese intentar de generalizar ese tipo de estallido creando una crisis política preludio a una situación quizás revolucionaria.
En pocas palabras, volvemos al principio, como la pescadilla que se muerde la cola. Eso sí que no puede ser una solución.
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