La amenaza no proviene de los inmigrantes de Ceuta 

Mario Diego Rodriguez - 04/08/2026

La llegada de varias decenas de miles de jóvenes marroquíes a Ceuta, enclave español en el continente africano, provocó inmediatamente una avalancha de mentiras. No sólo la derecha y la extrema derecha, sino también la mayoría de los gobernantes europeos a los que se sumó Trump en Estados Unidos, esgrimieron la amenaza de una "invasión" contra la cual habría que defenderse.

El hecho de que haya habido un centenar de muertos no les hizo derramar ni una lágrima. Tampoco el hecho de que los migrantes se quedaran a la intemperie, con la única ropa que llevaban puesta durante su travesía; sin dinero ni acceso a unas condiciones mínimas de higiene; expuestos a las violencias de los militares y de algunos habitantes. "Creíamos llegar al paraíso, y nos encontramos en el infierno", resumió uno de ellos, antes de regresar a Marruecos, como lo hicieron la gran mayoría de ellos.

Estos jóvenes, entre ellos muchos adolescentes de menos de 15 años, han querido huir de la pobreza y del desempleo que en Marruecos afecta a casi la mitad de la juventud. Poder trabajar y así realizar sus sueños era su único objetivo, el mismo que tienen todos los jóvenes de la misma edad en todo el mundo. La libertad de desplazamiento y el derecho a establecerse allí donde los trabajadores puedan ganarse la vida deberían ser un derecho básico. ¡Es indignante que, para ello, los jóvenes se vean obligados a arriesgar la vida!

El presidente del Gobierno, Sánchez, anunció el envío de policías, militares y vehículos blindados, calificando lo ocurrido de "ataque y violación de la integridad territorial de España". Pero ¿qué decir de la integridad del territorio marroquí, cuando los enclaves de Ceuta y Melilla son vestigios del colonialismo español?

Todos los dirigentes europeos sabían perfectamente que esos miles de jóvenes no podrían entrar ni en España ni en la Unión Europea. De hecho,  el acceso al resto de Europa es tan difícil desde Ceuta como desde Marruecos. Aun así, Macron ha seguido el camino de Meloni multiplicando por cinco el número de policías y gendarmes en la frontera franco-española.

La palma del cinismo se la lleva precisamente esa misma Meloni,  primera ministra italiana de extrema derecha, que a pesar de no tener ninguna frontera común con España anunció la suspensión de la libre circulación en el espacio Schengen entre España y su país. Casi todos los demás líderes de la Unión Europea han seguido su ejemplo. Todos han mentido deliberadamente porque están de acuerdo para hacernos creer que la inmigración es hoy en día el principal peligro. Se trata de una maniobra despreciable, pero también peligrosa, utilizada por la extrema derecha, defensora del repliegue sobre si mismo, pero también por muchos otros políticos. 

Todos quieren hacer tragar a los trabajadores que los inmigrantes suponen una amenaza y que las fronteras podrían protegerlos del desempleo y la pobreza. No obstante, los principales responsables del desempleo, de la precariedad y de los bajos salarios es ante todo la patronal, y hacerla retroceder depende exclusivamente de las luchas que el mundo laboral sea capaz de librar para oponerse a su rapacidad. Quienes repiten que no podemos "acoger toda la miseria del mundo" nos predican, en realidad, la resignación y nos invitan a aceptar, como una fatalidad que no podríamos cambiar, el estado catastrófico de los hospitales y de todos los servicios públicos vitales...

Los verdaderos responsables de la miseria, tanto en España como en otros países, son los accionistas de las multinacionales del IBEX 35 cuyas ganancias en el primer semestre de 2026, alcanzaron los 36.473 millones de euros, lo que representa un incremento del 15% en comparación con los 31.708 millones de euros del mismo periodo del año anterior, según datos publicados por El Economista. Una minoría de riquísimos burgueses, el 10% de los hogares multimillonarios, acaparan más del 53% de toda la riqueza neta del país, sin embargo, esta fruto del trabajo realizado por millones de trabajadores. Una minoría de capitalistas y sus gobernantes, organizan la explotación de todos los pueblos y el saqueo de los recursos de los países pobres. Con sus rivalidades y guerras, regiones enteras del mundo están siendo destruidas y transformadas en zonas inhabitables.

Todo esto es lo que se nos quiere hacer olvidar cuando utilizan el fantasma de la inmigración. Sólo derrocando al capitalismo será posible garantizar que la vida de todos esté a la altura de las inmensas posibilidades que ofrece la sociedad. Independientemente de su nacionalidad, origen y religión, los trabajadores deben rechazar las divisiones para poder llevar a cabo esta lucha común contra sus explotadores. 

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